11 may 2011

Siempre están apareciendo cosas nuevas, yéndose cosas viejas.. reapareciendo las que queremos, a veces lo contrario, y no podemos lograr que reaparezcan, se vuelven lo más buscado del universo, de nuestro universo., y en la espera de esas reencarnaciones, encontramos historias que ya contamos, o que simplemente son demasiado predecibles, pero nos empeñamos en creer que no, que son diferentes. No lo son, y no hacen falta pruebas, son las mismas historias que tu cabeza leyó una y otra vez. No inventemos palabras que no están en el guión. 
Y del otro lado, aparecen esas historias que queremos seguir escribiendo, aunque parezca una de esas novelas insoportables donde los protagonistas tienen mil problemas y cada vez que vuelven a encontrarse surge uno más.  Pasan meses y meses, y ellos siguen intentando encontrarse en un laberinto de oportunidades perdidas, gente en contra, sentimientos cruzados, otras parejas y bueno.. así terminamos por rendirnos y dejar de mirarlas, hasta que vemos o escuchamos por ahí, que es el último capítulo, y lo miramos... lo miramos porque nos quedó ese amor oculto hacia la historia. Vemos que terminaron juntos, que pasaron años, tuvieron hijos, los malos murieron o están presos o en algún manicomio.. también pueden haberse hecho buenos. Pero en fin, todos son felices, y ahí vemos como sigue nuestra vida. Sonreímos pensando en que estamos saliendo por la televisión, pero nadie sabe que es lo que pasa después de que la escena termina. Los protagonistas, que están tan enamorados, y se entregan la vida mutuamente.. se paran, se ríen, se aplauden a sí mismos y piensan en que acaban de terminar un trabajo, solo eso. 
Pero volviendo a la realidad, como nos gusta el seguir escarbando las yagas. Quizá soy yo, no? puede que si. 

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