Libros apilados
los anteojos esperan.
Posados en el escritorio
que anhela volver a ser base
de las ideas de la niña
con tanta gracia
pa' hacer feliz.
Y las pestañeas
soplan la taza,
ya tan amarga, de aquel café.
Muchas palabras
brotan del alma.
Pero en las hojas,
se desordenan.
Los dedos suenan,
las ansiedades
se vuelven humo, entre papel.
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