cada trago
asesinaba
su inocencia,
su pudor
e inteligencia.
Todo volviéndose
instinto
incontrolable-mente-dañino.
Y aún así,
no deseaba
detenerse.
Ni-por un- segundo.
Una voz interior
retándola
a seguir las normas.
A calmar
las bestias
que no saben
más que lastimar.
Pero el amor
es así.
El vino,
es así.
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