Y si hoy las cosas
no te llenan,
mira un rato
para adentro.
Muchas veces,
la razón del naufragio,
es exceso en el confiar
del capitán del barco.
¡Que las ciudades ardan!
de temor por llegar
demasiado tarde
al arrepentimiento.
A la inamovible
decisión del tiempo.
Le es indiferente
tu pedido de auxilio.
Ya no sirve
ser amable,
ante tan
indiscutible
autoridad.
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