Para quien no lo sepa,
la desilusión
también
da taquicardia.
Extraño y exacto
órgano, el nuestro
que parece salirse
hasta por los oídos
y quebrar las costillas.
Implosionamos
viviendo un interminable
principio del fin,
adaptándonos a saberlo.
Y es que,
¡Qué difícil prenderse
cuando hay tanto viento!
10 may 2017
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