16 nov 2021

Iceberg

Te veía venir
desde hace ya tiempo,
y no supe irme. 
Te sentí tan cerca
apareciste tan cerca,
tan roto, tan frágil, en quiebra. 
Cruzaste toda frontera,
tiraste toda barrera
ignoraste las señales,
y qué bien las tapaste. 
Yo tampoco las vi.
Olvidé cómo escribir 
y me lo recordaste.
Quise construir un fuerte de miel
en donde refugiarte, en donde refugiarme
seguir haciendo arte, vivir siendo arte.
Pero, ¿y después qué?
vuelvo a preguntarme. 
¿cuándo salir? ¿cómo salir?
¿vale quedarse?
¿cómo saber cuánto doler? 
¿cuándo escaparse? 
Y mientras abrazo mi cabeza 
te esfumas. 
Todavía respiro y ya no estás.
Y estamos hartos de todo
lo que de tan bueno,
nunca fue real. 
Y hoy entre tanto día perdido, 
pecho vacío, 
huesos que parecen desintegrarse
y gritar,
notamos que no todo está tan mal.
Que hay personas que duelen siempre.
Pero siempre son poemas, 
o canciones, o cortes de pelo
o un nuevo color. 
Y son lágrimas y risas, 
y son anécdotas bajón. 
Y te llenan los pulmones de aire, 
y te los vacían
y te llenan los días de vida 
y te los vacían. 
Y tenés que seguir.
Seguimos acá, salimos de ahí.
Te dejo la miel, 
para el resto ya es tarde.
Quizá nuestro fuerte 
ya no nos resguarde, 
pero todo va a estar bien. 




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