desde hace ya tiempo,
y no supe irme.
Te sentí tan cerca
apareciste tan cerca,
tan roto, tan frágil, en quiebra.
Cruzaste toda frontera,
tiraste toda barrera
ignoraste las señales,
y qué bien las tapaste.
Yo tampoco las vi.
Olvidé cómo escribir
y me lo recordaste.
Quise construir un fuerte de miel
en donde refugiarte, en donde refugiarme
seguir haciendo arte, vivir siendo arte.
Pero, ¿y después qué?
vuelvo a preguntarme.
¿cuándo salir? ¿cómo salir?
¿vale quedarse?
¿cómo saber cuánto doler?
¿cuándo escaparse?
Y mientras abrazo mi cabeza
te esfumas.
Todavía respiro y ya no estás.
Y estamos hartos de todo
lo que de tan bueno,
nunca fue real.
Y hoy entre tanto día perdido,
pecho vacío,
huesos que parecen desintegrarse
y gritar,
notamos que no todo está tan mal.
Que hay personas que duelen siempre.
Pero siempre son poemas,
o canciones, o cortes de pelo
o un nuevo color.
Y son lágrimas y risas,
y son anécdotas bajón.
Y te llenan los pulmones de aire,
y te los vacían
y te llenan los días de vida
y te los vacían.
Y tenés que seguir.
Seguimos acá, salimos de ahí.
Te dejo la miel,
para el resto ya es tarde.
Quizá nuestro fuerte
ya no nos resguarde,
pero todo va a estar bien.
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