En las copas de los árboles
une siempre está de viaje
como en las de vino..
en las primeras hay playas
y veranos,
en las segundas cabañas de madera
con un hogar y alguien pintando
descalza o desnudo.
Hoy siento que la vida
está pixelada
como la caminata de las palomas.
Pero esta vez con un fondo optimista
y eso es extraño.
Quizá es momento de que deje de serlo.
Y hablando de las palomas
admiro que puedan saltar a cualquier lugar
porque, es verdad, no saltan
pero simulan, tan bien, hacerlo.
Si tuvieras ese poder
¿a donde saltarías?
Al techo, a otro árbol
yo, por ejemplo, saltaría
en este momento
y estés donde estés
caería al lado tuyo.
Bien cerca
rozaría tu antebrazo
con el mío.
Y me quedaría ahí
escuchando lo que tengas para decir.
O no. O no diciendo nada.
Porque uno en casa
puede simplemente
no decir nada.
Pero bueno, no aprendí a saltar.
De casualidad aprendí
a caer algunas veces,
otras puedo caer de cara
pero por lo visto,
también puedo vivir
para contarlo.
Para escribirlo.
No se si escribo lo que vivo,
si escribo como vivo
o si vivo como escribo
hay diferentes versiones
sobre eso.
A veces mezclo las cosas,
o todo aclara cuando me leo.
Otras no se entiende nada,
algunas pocas me gana el ego.
Cuando se acercan los finales,
en general, flaqueo
me quedo quieta, mirando
empiezo a mover los dedos
respiro, siento mi pecho
no sé para donde salir
o como meterme adentro
de lo que nos rodea la esencia
¿piel? ¿así se llama esto?
traje de humano, cuerpo.
Y bueno, una vez más
me parece lo más sincero
admitir que no sé
cómo seguir,
así que lo dejaré
a su criterio.
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