23 nov 2021

 En las copas de los árboles
une siempre está de viaje
como en las de vino.. 
en las primeras hay playas
y veranos, 
en las segundas cabañas de madera 
con un hogar y alguien pintando
descalza o desnudo. 
Hoy siento que la vida 
está pixelada
como la caminata de las palomas. 
Pero esta vez con un fondo optimista
y eso es extraño.
Quizá es momento de que deje de serlo. 
Y hablando de las palomas
admiro que puedan saltar a cualquier lugar
porque, es verdad, no saltan
pero simulan, tan bien, hacerlo.
Si tuvieras ese poder
¿a donde saltarías? 
Al techo, a otro árbol
yo, por ejemplo, saltaría 
en este momento
y estés donde estés 
caería al lado tuyo. 
Bien cerca
rozaría tu antebrazo
con el mío. 
Y me quedaría ahí
escuchando lo que tengas para decir. 
O no. O no diciendo nada. 
Porque uno en casa
puede simplemente
no decir nada. 
Pero bueno, no aprendí a saltar. 
De casualidad aprendí 
a caer algunas veces, 
otras puedo caer de cara 
pero por lo visto, 
también puedo vivir 
para contarlo. 
Para escribirlo.
No se si escribo lo que vivo,
si escribo como vivo
o si vivo como escribo
hay diferentes versiones 
sobre eso. 
A veces mezclo las cosas, 
o todo aclara cuando me leo. 
Otras no se entiende nada, 
algunas pocas me gana el ego. 
Cuando se acercan los finales, 
en general, flaqueo 
me quedo quieta, mirando
empiezo a mover los dedos
respiro, siento mi pecho
no sé para donde salir
o como meterme adentro 
de lo que nos rodea la esencia
¿piel? ¿así se llama esto?
traje de humano, cuerpo. 
Y bueno, una vez más
me parece lo más sincero
admitir que no sé 
cómo seguir,
así que lo dejaré 
a su criterio.

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